Historia de un robo: 1ª parte. Fase de asimilación

 

Ultimamente he permanecido muy encerrada en mi nuevo hogar, Khamlia, envuelta en mi rutina del día y dando nuevo rumbo a mi vida.
Justo este fin de semana prometía ser especial, ya que por primera vez en todos los años que llevo en Marruecos tenía la posibilidad de visitar el Mussem de Imilchil, en el que se celebran bodas multitudinarias durante un fin de semana al año, sin saber que lo mas especial y extraordinario que pasaría es que iba a sufrir mi primer robo en el país.

Tras conseguir convencer a un amigo para que me acompañara, llenamos el coche de provisiones, agua, algo de ropa y “carretera y manta”.
Por la tarde ya estábamos en Imilchil. Aparcamos y organizamos un poco el maletero de “la tabkhouch” (mi c15) y salimos a buscar unos bocadillos.

El tiempo que tardamos en encargar los bocadillos, buscar un baño, volver a por los bocadillos y comprar un par de refrescos de camino al coche… A plena luz del día, junto a una mezquita llena de gente, un viernes día de rezo, en una explanada llena de transportes aparcados, me robaron TODAS las cosas de valor que encontraron. Y debieron buscar bien, porque portátil, discos duros, teléfono y documentos, dinero y ropa de mi amigo, estaban escondidos en diferentes partes del coche, y en tan solo 15 minutos habían robado absolutamente todo y NADIE había visto nada.

Mientras mi amigo preguntaba a cada coche a nuestro alrededor yo rastreaba el suelo en busca de huellas (en el desierto esto es muy útil y da muy buenos resultados) pero estaba chispeando, y el agua borró toda esperanza de llegar al ladrón.

La policía de refuerzo del festival nos mandó directamente a la brigada de Imilchil para que me tomaran declaración, y tuvimos que recorrer los 24 km desde la explanada donde se celebra el festival, hasta el pueblo, donde nos aseguraron que tomarían huellas.
La impotencia me impedía llorar, pero sabía que no, que nadie iba a hacer nada, aunque las ventanillas de mi coche y el botón de la puerta que forzaron estuvieran llenos de huellas del ladrón…
Efectivamente me tomaron declaración, trataron de animarme y hacerme reir, pero no hubo nada más.
“Esto pasa a menudo en el festival. Roban mucho y a veces se recuperan algunas cosas, si es el caso, te avisaremos”

Regresamos a la explanada del festival y recorrimos los 24 km casi en silencio.
Durante el trayecto me azotaban sentimientos de todo tipo:
– De culpa por descuidar mis cosas, por haberlas dejado ahí, ni tan si quiera 5 minutos…por haber traído el portatil…
– De impotencia, por verme rodeada de gente, indiferente a mi problema, en mitad del Gran Atlas, lejos de mi zona de confort marroquí y mas lejos aun de mi zona de confort en España.
Me sentía saqueada (no era un sentimiento, era una realidad) y no podía hacer mucho mas de lo que ya había hecho.
– De agresividad y rabia,buscaba compulsivamente a mi alrededor algunos de los objetos robados, la mochila, las zapatillas, mi turbante…. y deliraba pensando como me tiraría al cuello de la persona que los llevase fuera o no el ladrón…

Después me venía abajo y me daba cuenta de que “nada servía de nada”…

Anoche nos tocó dormir en el coche. Mi amigo se quedó tumbado en los asientos delanteros, acechando a cualquier individuo que se acercara o tocara el coche.
Yo, en la parte de atrás,conseguí localizar a mi familia (gracias! siempre ahí, no importa los kilómetros) con el único teléfono y últimos dirhams de saldo disponibles, para que me descativaran mi tarjeta de crédito. Y me dormí pensando lo que haría si descubriese a alguien robando alguno de los coches cercanos, en el mismo descampado donde nos robaron horas antes…

Me desvelé de madrugada sobresaltada, con la mandíbula apretada y una llaga en la boca al haberme mordido con la tensión. Tuve algún sueño extraño en el que se mezclaban escenas imaginarias sobre el robo.
Mi amigo aun estaba despierto. Fuera hacía frío y llovía sin parar.

Nos tapamos con las mantas y telas que los ladrones decidieron que no tenían el valor suficiente para robar, y dormimos hasta la mañana.
Reconozco que aun tarde horas en dormirme, aunque no tenía miedo, mas bien deseaba que alguien intentara robarnos, no sé, quizás para tener un hilo de donde tirar….

No ocurrió.

Me despertó la 1ª llamada al rezo de la mañana, aun era de noche. Me pareció diferente y original a las que había escuchado en otros rincones de Marruecos, y volví a dormir.

Amaneció nublado y lluvioso.
Lloré lo que no había salido ayer.
Maldije al malnacido que me robó, y escribo estas lineas de desahogo… con la intención de cambiar de actitud

Mussem Imilchil

 

bandera Marruecos

Si quieres leer la 2ª parte de esta historia (con giro de 180º!) , pincha aquí

Soy Alicia, el alma nómada que escribe este humilde blog.
Descubrí mi pasión por el desierto en 2010, y ahora vivo Africa.
Cambié el asfalto de Granada por las dunas de Erg Chebbi, en Marruecos, dónde combino una vida sencilla y tranquila en el desierto, con una vida viajera itinerante por el mundo.
Tengo una agencia de viajes alternativos. Fotografío y escribo.
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4 comentarios en esta entrada

  1. Tengo rabia hasta yo leyendo tus palabras Ali… ¡ánimo! Un abrazo muy fuerte

    1. Gracias preciosa! impotencia y rabia…! pero nada… la vida sigue y de todo se aprende!

  2. Animo desde Colombia !! (maldito ladrón….)
    Sigue adelante !

    1. Gracias Ivan!!
      Todo superado…. (el tiempo todo lo cura!) auqnue echo de menos mis fotossss!

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