En tierra de dragones de Komodo. De Lombok a Flores en barco III

 

De Lombok a Flores en barco

Este post forma parte de una trilogía:

1ª parte:
Saltando de isla en isla: De Lombok a Flores en barco I

2ª parte:

Nadando con mantas gigantes: De Lombok a Flores en barco II

3ª parte (actual):

En tierra de dragones de Komodo. De Lombok a Flores en barco III  (estás aquí)

 

– Abdoul, Let’s go!

Las voces de la tripulación nos apremian para bajar a comer los primeros.
Antes de que nos diera tiempo a recorrer a gatas la cubierta en la que dormimos y bajar a la principal, una jauría de fieras atacaban con empeño el almuerzo, colocado al centro de la cubierta.
(no, aun no hemos llegado a la tierra de los dragones)

El grupo “civilizado” esperamos resignados, contemplando la escena desde la parte de arriba, a la espera de un claro y los restos del almuerzo, para obtener nuestra parte, o lo que quedara de ella.

Quizás sea por eso, por esa energía de camaradería que unos sí y otros no, desprenden.
Quizás porque hay quien ve, en pequeños detalles cotidianos, el trasfondo de las personas.

Y posiblemente por eso, y sin premeditación alguna, pero por pura obra de la psicología y nuestro subconsciente cuando vivimos en modo automático,  se formaron pequeños subgrupos, apenas imperceptibles en ese pequeño espacio que compartíamos 25 personas.
Al menos imperceptible a simple vista, pero perceptibles para la tripulación, que sin dar parte de ello se esmeraban especialmente en cuidarnos mas que al resto, en llamarnos los primeros para comer, o en pasarnos galletitas extra para picar entre horas desde la escalera de la popa que daba a nuestras camas.
Y que luego sí, nos comunicarían su agrado hacia nuestro sentido del compartir, que nos hacía aguardar en cada comida y convivir en armonía y respeto con los demás.

 

De Lombok a Flores

 

 

Y será por esta energía emocional, que fluye a su antojo, que nos unimos en el mismo espacio físico, a pesar de caminar todos juntos, atrasándonos apenas unos metros del resto, y permitiéndonos el privilegio de contemplar un dragón de Komodo, totalmente salvaje, en medio del trekking de Rinca…

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Komodo y Rinca: buscando Dragones de Komodo

Ya habíamos visitado Komodo y tras un agradable trekking en el que seguimos deleitándonos con sus peculiares paisajes, solo alcanzamos a contemplar, un puñado de dragones de Komodo junto a la cocina del parque.
Nuestro guía, bien armado con el correspondiente palo defensivo, nos reconoció que eran semi-salvajes. Si bien había que permanecer siempre alerta, estos dragones, bien alimentados por la gestión del parque, raramente tenían la necesidad de atacar. Además de permanecer cerca de la fuente de alimento, dándonos el gusto de poder contemplarlos a pesar de la dificultad de hacerlo durante la caminata por el parque.

 

Dragones de Komodo

 

Dragones de Komodo

 

Después de Komodo le tocaba el turno a Rinca. Con la misma ilusión que en Komodo, aunque bastante mas fatigados, emprendimos la marcha con idénticas instrucciones: silencio y atención.

Después de largo rato caminando y amenizando la travesía con todo un bombardeo de preguntas al guía que cerraba la cola de la expedición, nos quedamos ligeramente atrás del grupo. Atendiendo a la explicación de uno de nuestros interrogatorios, alguien advirtió, ante la espesura de la hierba que poblaba la ladera, una presencia extraña.

A solo unos metros de nosotros, el dragón de Komodo macho se detiene bajo la sombra de un árbol. El único en muchos metros.
Al guía le cambió la cara, y aunque sin llegar a dar signos de pánico, se mostró mucho mas alerta que minutos antes, en el punto de inicio de la caminata donde reposaban, de nuevo junto a la cocina, varios dragones.

Sin bajar el palo defensivo con punta en forma de tirachinas, nos explica acerca de la respiración dificultosa del animal:
La digestión de los dragones de Komodo es muy dificultosa, y su termostato muy delicado.
Éste, concretamente dejaba ver claras dificultades para respirar, y corría por la ladera poco poblada, a la única sombra apreciable, con el fin de que su respiración volviera a la normalidad.

 

Dragones de Komodo

 

 

El resto del grupo, arriba de la colina, miran curiosos envueltos en su habitual escándalo de risas y bromas y sin saber que estaba pasando.
Contentos por el avistamiento, nos hacemos varias fotos para inmortalizar el momento, incluido el guía, que aunque menos impactado, también estaba disfrutando.
Y así emprendimos el camino de vuelta al barco, realmente satisfechos con todo lo vivido.

 

Dragones de Komodo

 

Dragones de Komodo

 

El resto del viaje consistió en navegar los kilómetros que nos faltaban hasta Labuan Bajo, en el extremo occidental de la isla de Flores, y punto final del trayecto.
La gente fue bajando y retirándose en busca de plan para los siguientes días y alojamiento para la inminente noche.
Despedidas cordiales, como cordial fue la convivencia en el barco.
Sin embargo, y de nuevo de forma no premeditada, un grupo reducido de personas volvimos a dormir esa noche en el barco atracado ya en Labuan Bajo. No sería hasta el día siguiente en el que nos despediríamos de la tripulación, que emprendía la vuelta a Lombok.
Casualmente, el grupo que compartimos este privilegio, fue el mismo grupo que aguardaba paciente su turno en los almuerzos, y el mismo que vio un dragón de Komodo salvaje en medio de la excursión.

Digo casualmente, porque todos habíamos apalabrado esta última noche con las respectivas oficinas en las que habíamos contratado la excursión días antes, como parte de la negociación del precio, y sin conocernos entre nosotros.

¿Sería casualidad también, el hecho de que una vez habíamos llegado a Labuan Bajo, nadie de la tripulación invitase a los demás a pasar la noche en el barco?

 

Labuan Bajo
Puerto de Labuan Bajo

 

 

Labuan Bajo
Labuan Bajo

 

 

Sin duda, todo el viaje en sí fue enriquecedor desde el primero al último momento. 
Desde los paisajes terrestres y subacuáticos… Y porque los viajes también son “sus gentes”, desde el arte del chino viajero, a la tripulación del barco. Y especialmente, los amigos con los que compartí las principales emociones de esta travesía… Patri, Jesus y Abdu

 

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Soy Alicia, el alma nómada que escribe este humilde blog.
Descubrí mi pasión por el desierto en 2010, y ahora vivo Africa.
Cambié el asfalto de Granada por las dunas de Erg Chebbi, en Marruecos, dónde combino una vida sencilla y tranquila en el desierto, con una vida viajera itinerante por el mundo.
Tengo una agencia de viajes alternativos. Fotografío y escribo.
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Un comentario en esta entrada

  1. Que experiencia tan bonita! Sin duda nos tratan en consecuencia a como actuamos… nada fue casualdiad. Probablemente el resto del grupo habrian sido invitados a dormir en wl barco tambien, de haber resultado en gracia para la tripulacion…

    y con respeto a los dragones… que impresion!! Debe ser super emocionante!

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