De Nouakchot a la frontera (Mauritania urbana y Mauritania rural)

 

 

Nouakchot y la ley del asfalto

Para ser la capital de Mauritania, un enorme país, devorado por el desierto, de 1.040.900 km2, Nouakchot me pareció una ciudad muy “tranquila”.
Si bien el trafico está regido por las leyes del “asfalto” africanas -donde lo haya-, (al menos de los países de Africa que hasta ahora conocí) en la que la prioridad es relativa a cada situación y con la mentalidad de que “donde caben 2, caben 3, a veces 4”, en las vías entre ciudades no encontramos apenas tráfico, y a pesar del deterioro, recorrimos la ruta relativamente rápido.

Los transportes son los más destartalados y viejos que vi en mi vida. Juro que si ves esos coches y camiones parados a un lado del camino, algunos sin puertas ni ventanas, vas a pensar que están abandonados.
De repente se ponen en marcha, y es como ver a un muerto resucitando…
Pura chatarra con ruedas y motor desafiantes a cualquier bonito y reluciente Toyota 4×4 que se le pone en su camino.
Por eso, la ley del asfalto la controlan los taxis y estas chatarras motorizadas, que no tienen mucho que perder ante una colisión.
Los nuevos y lujosos coches, que también los hay y no son pocos – he aquí los contrastes mauritanos manifestándose-, circulan despacio y esperan pacientes su turno.

 

¿Turismo en Mauritania?

Dicen que no hay nada especial que ver en Nouakchot, y es cierto. Pero contemplar la vida y el movimiento de una ciudad, puede dar para mucho.
Así pasaron los días en la capital Mauritana, entre té y té en los cafés, paseos por los mercados, y visitando y dejándonos cuidar por la familia de Khali.

El puerto a la hora del atardecer es toda un estímulo a los sentidos. Tanto por el olor, a veces nauseabundo, del pescado, como por los sonidos y el bullicio de la gente vendiendo sus piezas y negociado precios. Los colores cálidos del sol, poniéndose al horizonte y los cientos de  barcos, decorados de vivos colores, formando una gran fila a lo largo de la playa.
Nouakchot. Mauritania

 

Los últimos barcos vienen de retirada, mujeres y hombres van y vienen con cajas y barreños sobre sus cabezas. Ellos descargan los barcos recién llegados, ellas, negocian, regatean y finalmente, compran el pescado fresco que cenarán esa noche.
En Nouakchot descubrí que además de un buen cordero, la dieta principal de Mauritania es pescado con arroz. Plato que nos acompañará durante el resto del viaje.

Nouakchot. MauritaniaNouakchot. Mauritania

 

Los Mauritanos están tan poco acostumbrados al turismo que casi no saben como abordar al extranjero, y ni te agobian (o al menos a mi no me dio esa impresión, pero es que mi bautismo fue en Marrucos, y creo que si sobreviví, no hay quien me tumbe!).
Esto te permite observar todo con mucho más tranquilidad y objetividad, sin presión, sin estrés.
La parte “mala” es que no pude hacer tantas fotos como me hubiera gustado, ante la negativa de mucha gente a salir en ellas, y la disconformidad de hacerlas si quiera al entorno, aun no recogiendo ni una sola cara.
Mi cámara de fotos no es muy discreta, y cada vez que la sacaba, algún transeúnte avispado se me acercaba para regañarme y reclamarme la famosa “autorización”

El resultado: una serie de fotos de extranjis que hacia mientras caminaba, de la forma mas discreta que pude.
(De todo ello apenas quedan las fotos que subí a facebook y conseguí recuperar, porque el resto me las robaron tiempo después)

Dadas las circunstancias, y los malabares que debía hacer para retratar todo lo que se cruzaba en mi camino y me llamaba la atención, me limité a observar y registrar en mi memoria, sin mas.
Nouakchot. Mauritania

Mauritania Tamaño XXL

Una cosa que me llamó especialmente la atención, es el tamaño de algunas cosas en Mauritania. Me parecía estar en un mundo XXL.
Las chilabas y la ropa, son inmensas. Las barras de pan eran enormes! La comida, servida a lo grande, mucha cantidad, cuidadosamente presentada en un plato-bandeja gigante.
Los vasos grandes. Salones descomunales y pomposos (decorados al estilo árabe) con cojines más grandes todavía.
Me sentí mas que nunca como una “Alicia en el país de las Maravillas” después de haber sido encogida tras comer un champiñón mágico, con mis pequeñitos pies colgando de aquel enorme sofá, mientras me comía mi barra de pan con mantequilla, de medio metro…

De la misma forma, la ropa es grande. Las chilabas de los hombres son gigantes y colganderas… Khali nos mostró con mucho humor y agilidad sus multiples usos… “modo viento, para dormir en el desierto”: y desaparecía dentro de la chilaba, ocultando pies, manos y cabeza. “Modo trabajo aparatoso” y se remangaba de todas partes atando un nudo con toda la tela que le estorbaba, “modo serio”, “modo informal”, “modo conducción”….
Claro que los mauritanos son grandes, muy muy grandes (o solo muy grandes y yo tan pequeñita!), y por eso todo está hecho a medida-

comida XXL. Nouakchot. Mauritania
No exageraba cuando decía que todo tiene tamaño XXL. ¡esa bandeja era para 3! Evidentemente sobró.

 

Nouakchot. Mauritania
Tampoco lo hacía cuando hablaba de las chilabas…

 

De la capital a las aldeas

Para rematar nuestra estancia en Mauritania, viajamos con Khali al sur-oeste el país. Quería visitar al resto de sus hermanos y a su madre antes de volver a Suiza, y a nosotros la ruta nos encajaba perfectamente ya que su pueblo natal estaba a 30 min de Rosso, nuestra puerta de acceso a Senegal.
Sin duda esta parte de la ruta es la que más me ha gustado, ya que tuvimos la posibilidad de tener contacto con la vida rural.

Recorrimos de nuevo la desgastada carretera que atraviesa el país paralela al Océano Atlántico, aunque el mar ya no lo vimos más hasta Senegal.
De nuevo íbamos dejando atrás preciosos paisajes de dunas y acacias cada vez mas frondosas, que dejaban de ser solitarias para formar pequeños bosques.
Dromedarios que cruzaban la vía y pequeñas y autenticas aldeas de casitas de chapa, adobe o jaimas mauritanas. Mientras, Khali respondía a todas nuestras dudas, y nos hablaba acerca de la vida en el país, los sueldos, la situación laboral, la lucha por abolir la ablación femenina, las relaciones sociales y amorosas… etc.
Fuimos pasando de pueblo en pueblo saludando a familiares repartidos por cada rinconcito de Mauritania.
Las familias allí son muy grandes pero muy cercanas. Se pregunta por todos y se tiene en cuanta a todos. La familia es el motor de todo. Se vive por y para ella, y de la misma forma, se trabaja por y para ella.

 

Nouakchot. Mauritania. Desierto

Nouakchot. Mauritania. Desierto

 

Al llegar al pueblo donde nació, nos mostró orgulloso el árbol donde su madre hizo un alto en su jornada laboral en el campo, para darlo a luz. En la casa ya nos esperaba la familia, con un cordero especialmente sacrificado esa misma tarde, para compartirlo con nosotros.
Pasamos la noche en una especie de cuadrilátero alambrado a modo de corral, con telas que se recogían o dejaban caer como persianas.
Las vi en cada aldea a lo largo de la ruta pensando que las utilizaban para agrupar animales. Pero entonces comprobé que se trataba de uno de los principales centros de reunión familiar. Eran sus salones-patio en los meses de calor (que es durante la mayor parte del año), en los que familiares y vecinos se reúnen para cenar, pasar una tranquila velada o dormir fresquitos cuando aprieta el calor.

 

Nouakchot. Mauritania. Desierto

Fué agradable volver a despertar temprano con el canto del gallo, como hacemos en el desierto, con los sonidos típicos del despertar en una apacible vida rural.
No tanto para Khali, que tras la noticia de que se encontraba en el pueblo, no paraban de llegar tíos, primos, vecinos… para saludarlo y de paso recibir una simbólica ayuda económica, como se suele esperar de todos aquellos que lograron tener una “mejor” vida fuera de África.

– Venga, es hora de irse, antes de que se corra más la voz de que estoy aquí- nos apremiaba Khali.

Y es que, el vivir por y para la familia, también implica “no poder” decir que no. y para un mauritano que vive y trabaja en Europa, menos.

Mauritania rural

Mauritania rural

 

Mauritania rural

 

Tras unos tranquilos y agradables días en Mauritania, nos despedimos para alcanzar finalmente nuestro objetivo final: Senegal.

 

Soy Alicia, el alma nómada que escribe este humilde blog. Descubrí mi pasión por el desierto en 2010, y ahora vivo Africa. Cambié el asfalto de Granada por las dunas de Erg Chebbi, en Marruecos, dónde combino una vida sencilla y tranquila en el desierto, con una vida viajera itinerante por el mundo. Tengo una agencia de viajes alternativos. Fotografío y escribo.
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